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Cambiar de empleo: convertir la amenaza en oportunidad
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Cuando salimos de la universidad, nos lanzamos a un mercado laboral desconocido para nosotros, en el que en un primer momento, marcar el rumbo parece definitivo. Sin embargo, pronto vemos que no hay caminos marcados, nos podemos perder, no tenemos experiencia para guiarnos y el riesgo a naufragar siempre existe. Entonces, seguir navegando de un cabo a otro y hacernos con el timón de nuestra carrera es ya todo un éxito
Mi primer empleo Yo terminé la carrera y pronto encontré un trabajo en una multinacional norteamericana del sector de telecomunicaciones. Era una compañía en la que el ambiente de trabajo, la formación continua y los beneficios sociales le colocaban en los primeros puestos en el ranking de "Mejores empresas donde trabajar". Era una empresa muy bien valorada por los propios empleados y por los profesionales del sector.
Yo me ocupaba de la atención al cliente en el departamento de Servicios Financieros de la compañía. Como es habitual en este tipo de organizaciones, el despacho de mi jefe estaba a dos mil kilómetros de mi mesa de trabajo. La principal ventaja de esto era que mi jefe confiaba en mi criterio para tomar decisiones, pero al mismo tiempo debía cumplir procesos y políticas totalmente estandarizadas, que limitaban mi campo de acción y mis posibilidades de aprender y desarrollar nuevas capacidades. Pronto me di cuenta de que no era el trabajo de mi vida.
La amenaza Yo llegué al sector en un momento en el que la burbuja tecnológica se estaba desinflando y las compañías trataban de tomar posiciones para superar la crisis. Cuando yo apenas llevaba ocho meses trabajando, mi empresa decidió absorber a una de sus principales competidoras, creando así un transantlático de gran tamaño con demasiada tripulación. Se anunciaron despidos en todo el mundo, y aunque en España se esperaba un efecto menor, se vivía un ambiente de incertidumbre e intranquilidad.
Al mes de anunciarse la fusión pensé que tenía dos posibilidades: esperar a que alguien decidiera sobre mi futuro, o ser yo misma la que tomara la decisión. Escogí la segunda opción y agarré fuerte el timón.
La búsqueda de una oportunidad Me puse manos a la obra buscando un nuevo empleo: actualicé mi CV y rastreé las ofertas en prensa y en internet, ahora ya con el rumbo más claro que al principio y seleccionando los puestos a los que quería acceder.
En unas semanas comencé el proceso de selección para un puesto internacional en el Departamento Financiero de una empresa nacional del sector de Construcción.
Encontré el anuncio sobre el puesto en un portal de empleo en que "colgué" mi cv y aporté la información requerida sobre mi experiencia y capacidades. En un par de semanas recibí la llamada desde una consultora de recursos humanos que se encargaba de realizar el primer filtro del proceso de selección. Esta consultora estaba especializada únicamente en la selección de personas para puestos Financieros o de Contabilidad y conocían perfectamente las características del puesto y las condiciones que la empresa contratante buscaba en los candidatos.
El primer contacto fue una larga entrevista con una de las consultoras, en la que me dio a conocer detalles sobre la empresa y el puesto de trabajo, me preguntó sobre mi CV, sobre mis aspiraciones y sobre los aspectos que yo más valoraba en un puesto de trabajo; también formulaba preguntas en los distintos idiomas que figuraban en mi cv. Fue una entrevista larga en la que superada la tensión inicial el entrevistador creó un ambiente muy distendido y coloquial pero sin dejar en todo momento de analizar mi forma de actuar.
Pocos días después decidieron presentar mi candidatura a la empresa y me concertaron dos entrevistas con el responsable directo y con el Director Financiero de la empresa.
La entrevista con el responsable directo también transcurrió en un ambiente relajado y se limitó a preguntas sobre mi experiencia y capacidades. Dos días más tarde me convocaron a la última entrevista con el Director Financiero y ésta fue breve, rápida y con preguntas muy concretas que exigían capacidad de reacción: rasgo a destacar de mi personalidad, puesto en el que me gustaría trabajar en el futuro y países a los que no estaría dispuesta a viajar por trabajo.
Mi nuevo empleo Dos semanas más tarde tenía un nuevo empleo y me amarraba así al sector del ladrillo, mucho más seguro en tiempos de crisis.
Mi puesto incluía un periodo de formación de seis meses rotando por las distintas áreas del departamento financiero, lo que supuso una buena oportunidad para aprender. Una vez terminado ese periodo, me asignaron un puesto internacional en una delegación exterior, en la que estoy encantada, así que ahora soy yo la que está a dos mil kilómetros de mi jefe, pero esta vez con más posibilidades de seguir aprendiendo y avanzando sobre mi propio rumbo.
Mi conclusión personal Debemos ser proactivos en nuestras carreras, perdiendo el miedo al cambio, anticipándonos a él y reaccionando a tiempo para sacar algo positivo del mismo. Siempre podemos convertir la amenaza del cambio en una buena oportunidad para dar un paso más en la consecución de nuestras metas personales y profesionales.
Así que, adelante navegantes!!! Sujetad fuerte el timón y nos vemos en el próximo cabo!!!!! |